Diabetes tipo 2

Diabetes tipo 2

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Al igual que la diabetes de tipo 1, la diabetes de tipo 2 es una enfermedad crónica, y aunque en los últimos años se han estado haciendo estudios e investigaciones, no se ha logrado conseguir una cura. Este tipo es la forma más común de diabetes y suele afectar a personas mayores de 45 años. Generalmente esta enfermedad se desarrolla al ir envejeciendo, pero la obesidad aumenta considerablemente los riesgos de sufrirla, ya que el incremento de masa grasa significa una ralentización en el metabolismo de la glucosa. Entre las causas también encontramos rasgos genéticos y hereditarios.


Para entender cómo se desarrolla la diabetes tipo 2 dentro del cuerpo humano debemos tener en cuenta las diferencias que presenta con respecto a la diabetes tipo 1, la cual se presenta debido a un descontrol en la cantidad de producción de la hormona insulina, que se encarga de transportar la glucosa hasta las células encargadas de su transformación en energía. Por el contrario, el segundo tipo de diabetes no necesariamente presenta un déficit de insulina, el problema radicaría en las células que se encargan de transformar la glucosa, los hepatocitos y los adipocitos. Estos no asimilan la insulina y por tanto el azúcar obtenido de la digestión no logra entrar en ellos para ser utilizado como fuente energética del cuerpo humano Por tanto la glucosa no procesada reside en el torrente sanguíneo.

 Los niveles normales de glucemia en ayunas están entre 80 mg/dl  hasta 110 mg/dl, ya que este tipo de diabetes puede no presentar síntomas durante mucho tiempo la prevención es siempre necesaria. Si es mayor de 40 años o tiene sobrepeso es recomendable realizarse un examen de glucemia al menos una vez cada tres meses, de esta manera su médico puede llevar un control. Si los niveles de glucemia superan los 200 mg/dl se diagnostica diabetes de tipo 2.  

Como antes se mencionaba, en muchos casos esta enfermedad no presenta síntomas  sin embargo inicialmente estos podrían ser sed abundante, hambre, sensación de vacío o fatiga, aumento de las ganas de orinar y de la cantidad de orine, decaimiento, problemas de la vista y entumecimiento de manos y pies. Si presenta alguno o varios de estos y tiene en su contra alguno de los factores de riesgo (herencia, obesidad) debe consultar con su médico tratante. En muchos casos la dieta y el ejercicio suelen ser el tratamiento de esta enfermedad.

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